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Al pan, pan

- Doctor, ¿qué puedo hacer para adelgazar?
- Basta con mover la cabeza de izquierda a derecha y de derecha a izquierda.
- ¿Cada cuánto tiempo, doctor?
- Cada vez que le ofrezcan comida.



Es tiempo de crisis, es tiempo de dieta. El calendario siempre nos anima a realizar una dieta o al menos a sentir ese remordimiento de conciencia por no haber perdido los kilos que cogimos en vacaciones, por no haber cumplido nuestro propósito de apuntarnos al gimnasio, por no haber conseguido eliminar esos excesos navideños o simplemente por no haber participado en la “operación bikini”. Las dietas no tienen fecha, ni hora,… simplemente o las haces o no las haces. No vale eso de picar entre horas o hacer un exceso el fin de semana. Debes de tener la fuerza de voluntad necesaria para revelarte contra el uso de tus papilas gustativas… porque si algo no tiene sabor, seguramente no engorde.

Es cierto que las dietas cuestan un poco, sobre todo empezarlas. Yo todos los lunes empezaba una. La dieta siempre es mejor hacerla en pareja, en familia, acompañado. Es mas llevadero ver que tu plato contiene la misma comida que el de al lado (y que el comedero del conejo) y ya se sabe aquello de que si comes algo y nadie te ve, no tiene calorías.

Yo ahora estoy haciendo dieta, pero no es solo para perder los kilos que me sobran, sino también para poder comprarme cinturones bonitos, porque antes me daba igual, no se me veían. Estar gordo tiene sus ventajas e incluso tienes más importancia (no solo por ser un “pez gordo”) sino porque a una persona normal nunca se le tiene en cuenta, pero a una persona “ancha de huesos” se le puede utilizar hasta como referencia. ¿Dónde está Juan? Detrás del gordo aquel. Un gordo siempre será bien visto, incluso todo el mundo sueña con que le toque el “Gordo”. El régimen no es muy del agrado de la gente, sobre todo si ese régimen dura 40 años y lo lleva un español bajito llamado Paco.

El mundo de los refranes está repleto de menciones al buen comer, al ayuno y a la glotonería. Puedes ser más listo que el hambre, puedes tener el consuelo de saber que es triste amar sin ser amado, pero más triste es acostarte sin haber cenado, siempre te han inculcado que cuando seas padre, comerás huevos, debes de saber que come poco, bebe el doble, duerme el triple, ríe cuatro veces y llegarás a viejo, siempre recriminamos que Dios da pan a quien no tiene dientes e incluso hay cosas que son tan claras como que boca que se abre, o quiere dormir o tiene hambre. El buen comer es tan gratificante como poder hacerlo acompañado, porque ya se sabe que no hay mejor dieta que aquella que llaman la del cucurucho.

Un saludo y sed buenos y si tenéis algunos kilitos de más, que sea en el banco :)

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Mal de muchos...

Un granjero demandó a una empresa de autobuses por las lesiones que sufrió en un accidente. En el juicio, el abogado de la empresa le pregunta:
- ¿Acaso no le dijo usted 'estoy muy bien' al policía que lo auxilió?
- Déjeme explicarle lo que pasó. Yo llevaba a mi yegua en la camioneta...
- ¡No le pedí detalles! Limítese a responder la pregunta: ¿le dijo usted, sí o no, que estaba muy bien al policía que le ayudó?
- Como le venía diciendo, llevaba a mi yegua en la camioneta y de pronto apareció un autobus de su empresa...
- ¡Señor juez, estoy tratando de demostrar que esta persona le dijo que estaba muy bien a un policía, inmediatamente después del accidente! Ahora, después de varias semanas, él demanda a mi cliente y eso se llama fraude. ¡Por favor, dígale que responda la pregunta!
El juez le explica al abogado que está interesado en escuchar la historia del granjero y le pide a este que continúe:
- Pues yo llevaba a mi yegua en la camioneta y de pronto, en un cruce, me topé con un autobus que se comió la señal de stop y me estrelló de lado. Yo quedé paralizado por el golpe y la impresión, pero escuchaba que mi yegua gemía como loca, presa del dolor. Unos minutos después, llegó la patrulla de policía y un agente se bajó alarmado por los gemidos de mi yegua. El policía la examinó y finalmente sacó su arma y le pegó un tiro en medio de los ojos. Luego, vino hasta mí y me dijo: “Su yegua estaba muy mal y tuve que pegarle un tiro para que no sufriera. ¿Usted cómo se siente? “


Tengo 24 años, y no soy partidario de haceros sentir unos idiotas incultos informando de que tras dicho número prosigue el 25. Odio a las personas que dicen su edad como si de una progresión aritmética se tratara… “tengo 21 años para 22” o “si, tengo 15, pero 15 para 16 ya”. Lo raro sería cumplir años de dos en dos, o cumplirlos hacía atrás, aunque a más de uno y más de una le gustaría que se perdiese su DNI y con él la fecha de un nacimiento del que creen que hace ya demasiado tiempo que se produjo. Pero yo lo digo claro, tengo 24 años… y en casi un cuarto de siglo nunca me han puesto una escayola, hasta este fin de semana, cuando he comenzado a vivir una nueva vida, una vida de torpeza e ineptitud, una vida en donde pelar una gamba es un suplicio. Y todo ello con 24 años, pero con 24 años para 25, mira tú que cosas me depara la vida a tan curiosa edad. Acabo de empezar a odiarme.

Pues si, soy tremendista, extremista, teatrero y un poco reacio a los cambios bruscos. Pero poneros la mano derecha a la espalda y manejar el ratón con la izquierda (¡los zurdos hacedlo al revés tramposos!), coged un lápiz con la izquierda y firmad, coged un Sudoku con la izquierda y hacedlo en menos de 2 minutos,… difícil, ¿verdad? Pero vosotros tenéis la satisfacción de que tras fracasar en el intento podéis volver a la diestra rutina. Yo no, yo tendré que debatirme entre el triste pero placentero hábito de pedir ayuda o la frustrante y a la par ridícula faena de intentarlo por mi mismo y mis limitados medios. Dicen que el dar es honor, pero el pedir es dolor. En estas situaciones hay que asumir muchas cosas, y ver la vida con otros ojos… o con los mismos ojos pero apuntando hacia el lado tonto de tu cuerpo. Así que debo hacer caso a los proverbios y aceptar que a cualquier dolor, paciencia es lo mejor.

Me estoy concienciando, debo de ser optimista, y al igual que consigo escribir este artículo picoteando con los dedos sobre las teclas como el pico de una gallina sobre el trigo, debo de superar el miedo de no saber comerme un yogurt con la mano izquierda. Debo de ir superando cada uno de los obstáculos aunque para abrir una puerta con la mano izquierda parezca que estoy bailando el “crusaito”. Debo de saber que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional y no hay de que preocuparse porque aunque duela saber que es imposible abrir una bolsa de pipas en mi situación, siempre queda el recurso de pegar un mordisco y escupir el trozo de plástico sobrante como un sheriff que desafía al más peligroso vaquero del salvaje oeste.

Pues hasta aquí escribo para desahogar mis penas y mis frustraciones por mi lesión temporal. Sufro por no poder bajar la basura cada noche fría y lluviosa de invierno, sufro por no poder subir hasta un tercero sin ascensor las bolsas del supermercado, sufro por poder tomarme esa cervecita cada noche a sabiendas de que seré copiloto de mi propio coche, sufro porque ni siquiera puedo disfrutar haciéndome la cama o pasando la aspiradora, sufro por ver como me sirven la comida y como debo de quedarme inmóvil en el sofá al amparo de un brasero calentito mientras me recogen la mesa… sufro, pero intento sufrir en silencio porque a mi no me gusta ir de victima, porque seguro que mucha gente en mi situación ha detestado, al igual que yo, ser el centro de todos los mimos.

Todo el mundo tiene sus males, así que yo me consuelo como un tonto… o como alguien que le conviene hacerse el tonto. Tened cuidado y sed buenos o al menos parecedlo.

PD: Si tenéis alguna experiencia traumática como la mía… escribidla en un comentario para que la sepamos

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Bajo Cero

Los indios de una remota reserva preguntaron a su nuevo jefe si el próximo invierno iba a ser frío o apacible. Dado que el jefe había sido educado en una sociedad moderna, no conocía los viejos trucos indios. Así que, cuando miró el cielo, se vio incapaz de adivinar qué iba a suceder con el tiempo....
De cualquier manera, para no parecer dubitativo, respondió que el invierno iba a ser verdaderamente frío, y que los miembros de la tribu debían recoger leña para estar preparados.
No obstante, como también era un dirigente práctico, a los pocos días tuvo la idea de telefonear al Servicio Nacional de meteorología.
- ¿El próximo invierno será muy frío? - preguntó.
- Sí, parece que el próximo invierno será bastante frío - respondió el meteorólogo de guardia.
De modo que el jefe volvió con su gente y les dijo que se pusieran a juntar todavía más leña, para estar aún más preparados.
Una semana después, el jefe llamó otra vez al Servicio Nacional de meteorología y preguntó:
- ¿Será un invierno muy frío?
- Sí, - respondió el meteorólogo- va a ser un invierno muy frío.
Honestamente preocupado por su gente, el jefe volvió al campamento y ordenó a sus hermanos que recogiesen toda la leña posible, ya que parecía que el invierno iba a ser verdaderamente crudo.
Dos semanas más tarde, el jefe llamó nuevamente al Servicio Nacional de Meteorología:
- ¿Están ustedes absolutamente seguros de que el próximo invierno habrá de ser muy frío?
- Absolutamente, sin duda alguna - respondió el meteorólogo - va a ser uno de los inviernos más fríos que se hayan conocido.
- ¿Y cómo pueden estar ustedes tan seguros?
- ¡Coño! ¡Porque los indios están recogiendo leña como locos!

Si ya de por si nos esperábamos que la cuesta de este enero iba a ser empinada (pese a la ayuda de las rebajas)… ahora viene el frío a tocarnos las narices.

Y nunca mejor dicho, lo primero que hace el frío es tocarnos las narices, existen gorros, orejeras, bufandas, guantes,… pero no hay nada que nos tape la nariz y la proteja del frío y eso que es tan vergonzosa que es la primera que se pone roja cuando bajan las temperaturas. También nuestros pies sufren las bajas temperaturas y además el refranero popular motiva a ello con expresiones como pies fríos, corazón caliente para así poder buscarle el lado bueno. También hay otras partes del cuerpo que sufren con el frío, o más bien desaparecen con él, pero eso es cosa de hombres, mejor no hablar y avergonzarnos. En definitiva, el cuerpo sufre con el frío, somos animales de sangre caliente. Eso si, el gracioso de turno siempre estará ahí para recordarte que el frío es psicológico.

Por mucho que digan que año de nieves, año de bienes a casi nadie le gusta el frío y más cuando crecemos. De chico vemos la nieve como la mayor diversión del mundo y hacer un muñeco de nieve como la mayor obra de arte jamás destruida por el calor. De mayores vemos la nieve como la mayor zona propensa para un inoportuno resbalón y el ponerle unas cadenas a un coche como la mayor obra de ingeniería jamás creada para no entenderla ni con instrucciones. Eso si, aunque tengamos 80 años, siempre diremos aquello de “mira ¿ves el humo que sale de mi boca? parece que estoy fumando”, hace mucha gracia y es muy divertido… o al menos eso debemos de simular cuando nos lo dicen, siempre es bueno quedar bien antes las personas que ponen toda su ilusión en hacer humor con una bocanada de vaho.

También tenemos que reconocer que somos frioleros y exagerados. Si en nuestra casa hace -1 grados y cogemos una botella de agua del frigorífico seguro que decimos “joé, que fría”, pero no puede estar más fría que nosotros, porque sino sería hielo. Aunque también es verdad que el frío siempre es más apreciado que el calor en el mundo culinario. Tu quieres calentar el cocido del día anterior, pues pones el microondas y en 2 minutos lo tienes como recién hecho… pero, ¿y si te quieres tomar una cervecita fresquita justo al llegar de comprarla? ¿Por qué no le dan la vuelta a las ondas e inventan un “macroondas ©”? Sería genial meter una cerveza y que en un minuto saliese fresquita del “macroondas ©" (le pongo copyright por si las moscas)

Bueno, mejor lo dejo aquí que tengo las manos congeladas de escribir y quiero irme al brasero… es lo que tiene el frío, que nos vuelve vagos. Sed buenos.

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Merry Chrisis

Ya, sin querer, estamos inmersos en la Navidad, esa época del año en la que todos nos sentimos mejores y olvidamos por un momento todo aquello que durante el año nos ha dado mil dolores de cabeza. Pensamos en los más desfavorecidos, en los que no están, en los que en otras partes del mundo pasan hambre, por eso comemos sin parar, malgastamos y celebramos todo aquello que nos haga saber que seguimos vivitos y coleando. Puedes estar a favor o en contra de estas fechas, de las creencias, de los motivos, de las excusas, de las razones de todo este virus de felicidad que te rodea, pero debemos asumir que muchos de nosotros nos olvidaríamos de felicitar, de desear buenos propósitos o simplemente de comer al lado de nuestros amigos y familiares si la Navidad no existiese o existiera. Dicen que la Navidad es la excusa perfecta para abrazar a aquella persona a la que queremos abrazar.

La Navidad condensa en no más de quince días todas las celebraciones que pueden existir. Son días de reuniones familiares, porque ya dice el refrán que en Navidad, cada oveja a su corral, pero también disfrutamos de comilonas con los compañeros de trabajo, de fiestas con los amigos, de tomarnos algo con viejos conocidos, de comprar para poder hacer feliz a tu novia, madre, padre, hermano y sobre todo a los más pequeños de la casa, los que de verdad aun no entienden de crisis, los verdaderos herederos de esta tradición… los niños. En la vida del ser humano hay tres fases: la que crees en los reyes magos, la que dejas de creer en los reyes magos… y la que te disfrazas de rey mago.

Todo cambia, las calles se iluminan, la música de villancicos suena en cualquier establecimiento en el que entres y hasta la televisión nos inunda de anuncios de colonias, juguetes, turrones… y de canciones que no se van de la cabeza. Tenemos que estar toda una mañana escuchando como niños con voz de pito nos repiten mil veces aquello de “millllllll euuuuuros”. La lotería es nuestra primera ilusión, las esperanzas de un enero sin cuesta se depositan en un número de 5 cifras. Tenemos el sueño de levantarnos y decir aquello de:

- ¡¡María!! ¡¡Haz las maletas que nos ha tocado la lotería!!
- Pero que cojo, ¿ropa de invierno o de verano?
- Cógela toda porque te vas a casa de tu madre.

Podemos estar más mosqueados que un pavo oyendo una pandereta, podemos beber más que los peces en el río, estar más colgados que un ángel en un portal de belén, estar más alegres que un anuncio navideño de coca-cola,… pero estamos en Navidad y tenemos que estar, que no es poco.

El 31 de Diciembre a las 23:59 pasarán por nuestra cabeza muchas cosas (aparte de confeti, matasuegras, cava,…). Desearemos cumplir todo aquello que no hemos conseguido hacer en 365 días, pero dejaremos en la cláusula del contrato que solamente lo intentaremos cumplir, no aseguramos resultados positivos. Somos felices porque aunque todo esté en nuestra contra, nadie puede resistirse a esbozar una leve sonrisa en alguno de estos días. En el fondo sabemos que todo es un invento propagandístico para vender y vender, pero estamos encantados de formar parte de él.

Después ya vendrá el año nuevo, y la vida nueva…. mientras tanto disfrutemos de la que tenemos, antes de que volvamos a recordar que nos queda un año hasta que podamos tener de nuevo la excusa para poder abrazar a quien queremos abrazar.

Sed felices… y felices fiestas

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Liberté, égalité, fraternité

Hace unas semanas viajé a Paris con unos amigos. Si, la ciudad del amor, esa. Y si, lo ví todo, aunque Paris crea un poco de estrés, tiene tantas cosas que ver que tienes la obligación de verlas todas.
- ¿Has visto la Torre Eiffel?
- Si.
- ¿Has visto el Louvre?
- Si.
- ¿Has visto el Arco del Triunfo?
- Si.
- ¿Has visto Notre Dame?
- Si.
- ¿Has visto a Napoleón?
- No, esta muerto.
- ¡¡Entonces no has visto “ná” de Paris!!

Cuando os he dicho Paris seguramente se os ha venido a la mente la Torre Eiffel. Y para hacer algo original, pues nos subimos en ella, por el ascensor claro, si llega a ser por las escaleras todavía iría por la segunda planta. Es como si te subieses a un andamio gigante, pero no te obligan a llevar casco. Según leí, en su momento (la exposición de 1889) a nadie le gustó aquel monumento, yo creo que por eso le pusieron el nombre del arquitecto a la torre, para acordarse de él y de la madre de Eiffel para siempre. Pero algo bueno tiene, como dice el refrán Viajar es una buena forma de aprender y de superar miedos, pues si subes a su tercera planta puede que si tienes vértigo se te quite… aunque lo más probable es que si no lo tienes empieces a notar los síntomas.

Hay un dicho que cuenta que lo mejor de viajar es el antes y el después. En parte es cierto. Antes estas deseando que llegue la fecha, después te encanta recordar momentos y ver fotos mientras les cuentas anécdotas a familiares y amigos. Mientras estas de viaje solo andas, miras hacia arriba, comes y duermes. Vas de un lado a otro con un mapa que abres y cierras hasta hacer que los bordes queden tan gastados que te dan ganas de cortarlo a trozos, pero hay que evitar la tentación porque sin mapa no eres nadie. También viajando aprendí porque al medio de transporte se le llama Metro, porque es el espacio que toca por persona.

Viajar debería describirse como la acción de llenar una maleta de ropa limpia y traerla llena de ropa sucia. Yo creo que viajar se creó para hacer algo en vacaciones, para ser alguien importante en otro sitio porque en tu barrio ya te conocen todos. En el bar de la esquina te pones un reloj y no eres nadie… en Punta Cana te pones una pulsera y eres el amo. A ti te dan una entrada del cine de tu ciudad y tan tranquilo, pero te dan un billete de avión y es como si te dieran un Sudoku, tienes que cuadrar todo; hora de embarque, de facturación, de salida, terminal, vuelo, asiento, los líquidos, los metales, que si apagar los móviles, que si el cinturón, que si las
instrucciones de las azafatas… por cierto, ¿conocéis a alguien que le hayan servido las instrucciones que dan las azafatas de vuelo? Yo nunca he escuchado, “el otro día tuvimos un accidente de avión y las instrucciones fueron superútiles, si llego a inflar el chaleco dentro del avión no lo cuento”.

Bueno, no me enrollo más. Os recomiendo que viajéis porque el viajar enseña, aunque si eso fuese cierto los
revisores de tren serían las personas más inteligentes del mundo…

Un saludo y sed buenos, y aunque dé un poco de “yuyu” recordad que para el último viaje, no es menester equipaje.